viernes, 29 de mayo de 2009

Bancos de alimentos para perros

Joni Taylor ha sido la primera persona en abrir un banco de alimentos para perros y lo ha hecho en Oregón (Estados Unidos)
Cuando la familia de Joni fue desalojada cuando tenía 15 años tuvieron que dejar atrás a sus gatos.
Joni recuerda los meses que lloró por sus mascotas, los imaginaba vagando por las calles, confundidos, solos y hambrientos.
Hace unos meses la tasa de desempleo se disparó en Portland (Oregón) y supo lo que tenía que hacer.
Bajo la ideología de que ''La gente no debería tener que elegir entre pasar hambre o abandonar a su perro'' creó un banco de alimentos llamado FIDO que ayuda a reunir apoyo y donaciones para el refugio canino del condado de Clackamas.
Taylor y sus amigas llamaron a tiendas de mascotas y fabricantes para preguntar si podrían aportar con una bolsa de comida para perros, galletas o golosinas y la respuesta fueron varios miles de kilos de comida seca y enlatada.
En febrero empezaron con el banco de alimentos en Portland dando víveres para 30 días a cualquiera que se acercarse al local el tercer sábado de cada mes.
Su banco de alimentos se concentra en los perros porque ya existía un banco de alimentos para gatos.
Hace poco, un sábado, una muchedumbre de casi tres docenas de personas tiritaba de frío bajo la lluvia de la mañana y Taylor veía la ansiedad de las personas que estaban allí.
Eric Gateley y Bella (Un Bóxer de 2 años) esperaron tranquilos hasta que la voluntaria les llamó.
Gateley había perdido su trabajo en Junio y vivía desde Enero en un motel con su esposa y su hijo ayudados por unos familiares de Texas que les enviaban dinero. Él intentaba que su hijo creyese que lo de el motel era una aventura y se alimentaban los fines de semana en un McDonald's.
Gateley dijo que había cierto alivio en venir a recoger los alimentos con Bella porque no tiene que pretender nada.
Taylor le respondió que con ellas no tiene nada que explicar, solo volver tanto como necesitase.
Estas historias le recordaban a Taylor los esfuerzos de su madre para alimentar a sus cinco hijos una vez que fueron desahuciados.
Recordaba también que ella y sus hermanos fueron llevados a la casa de unos amigos en Santa Mónica y una vez a la semana se paseaban cerca de su antigua casa y buscaban a los gatos, que habían pasado de estar gorditos a estar esqueléticos.
El pasado año una asistente social le contó a Taylor que la gente se saltaba comidas para alimentar a sus hijos y mascotas, al oír eso se puso en contacto con su amiga Linda que reparte alimentos para mascotas a personas de la tercera edad y minusválidas. Linda sabía de gente que le daba su comida a las mascotas.
El grupo de Linda suministró la primera carga  de alimentos y su llamado a hacer donaciones o voluntariado funcionó.
Pat Foss era inspectora de calidad en una fábrica y temía ser despedida así que hizo el listado de los nombres y el peso de cuatro de sus siete perros (El banco solo entrega alimento para 4 perros por cada familia) que eran de la calle.
Recibió 11 kilos de galletas, dos latas de alimento húmedo y una bolsa de 4 kilos de tentempiés para perros.
Al ver la situación allí decidió hacerse voluntaria y ayudar a repartir la comida.
Ahora ya han repartido 1.350 kilos de alimento, lo suficiente para 199 perros.
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